Mi madre nos pilló cuando ella se estaba poniendo las bragas aunque Magda se le enfrentó para reclamar su parte en el festín, aunque eso señores, eso es otra historia y merece ser contada con todo lujo de detalles. Así de directa era Nuria, mi madre, una mujer con un gran desparpajo, con un físico envidiable, con unas tetas prietas, aunque de silicona, naturalmente, pero erguidas y sugerentes, con unas piernas firmes y largas coronadas por una braguita color rosa que dejaba entrever la tierra del paraíso y que invitaba a fantasear, de modo que le repliqué con otro comentario de semejante índole:Si no fueras mi madre te la clavaba. La silicona hace milagros, estaban duras y prietas, su piel tersa y fina, su olor bronco y profundo, exudaba y liberaba olores que te embriagaban, pero cuando con mi lengua le atrapé sus pezones, ahí señores, ahí toqué el cielo. Ese sábado pasé a recoger a mi madre como a eso de las dos y media de la tarde, aunque la boda era a las siete, pero mi madre quería llegar con tiempo suficiente para vestirse en el hotel y charlar con la familia antes de la ceremonia. Depiladas las ingles, arreglado el vello púbico que rodeaba su rajita, esponjoso el vello que crecía en su barriguita, el chumino más sofisticado que nunca antes había visto. Que mas quisieras tú me replica sin demasiada convicción. |