Pero los dos sabemos que no puede ir a más, eres casada y no lo puedes esconder, joder, que estás sentada al lado de tu marido. Baja una mano y coge el tanga desde arriba. Así que fui tomando el camino de vuelta. Y ella seguía pegada a mi menguante polla, consiguiendo mis espasmos. Vaya Sue, esta no es ropa de una señora decente. ¿Por qué seré tan morboso y tan fetichista?Anduve por el pueblo un rato y hasta compré condones en una farmacia, pero al final los compré con un gel con los que venían de oferta. |