A poco más de dos copas me empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecería que se concentrara en mis mejillas… En un tono de voz suave y relajador me preguntó si tenía calor. Asentí con la cabeza, no tenía muchas ganas de hablar. Sobre la butaca yo me retorcía de placer mientras acariciaba su cuello, y trayéndolo hacia mí, lo besaba. Parecería ser que el juego previo era lo suyo, porque sabía cómo hacerlo. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido. Me bebí el café y me levanté para ir al baño. |