El caso es que siempre he pensado que si me dejaran a mi hacer un buen guión, para empezar tendría miga y además sexo a raudales, pero creíble… Eso fue precisamente lo que me hizo pensar: ¡Qué cojones, Lino! ¿Por qué no pruebas a escribir alguna parida?Y aquí estoy, rompiendo una lanza en favor de la promoción cultural que patrocina la televisión y contándoles la increíble historia por la que me convertí en estrella mediática. Y, en este punto, si se ha seguido el protocolo de actuación al pie de la letra, la contestación es siempre la misma: ”¿En efectivo o admites tarjetas?”¿Por qué será que 9 de cada 10 clientas, como los dentistas, no duda ni un segundo a la hora de decidirse por el hotelito cercano, elegante y discreto? Me llevó trotando diez minutos por la calle, colgada del brazo, con despliegue de chulería, marcando el paso con los taconazos de las botas altas que calzaba. El hotel lo eliges tú, también lo pagas. No me pude despedir como es debido. Algunas pierden la voz, a otras les entra tal flojera de piernas que se agarran al mostrador como un náufrago a su tabla de salvación y, a la mayoría, les da por una risita tonta y vacilarle al conserje. Lo que me encontré, al despertar, fue con una tarjeta encima de los tres billetes. |