Sin dejar de besarme me empujaba hacia atrás hasta hacer tope contra la puerta del baño abnegando la entrada a cualquiera inoportuna que quisiera interrumpirnos. Estás tardando demasiado. Le expliqué lo mejor que pude (a mi manera) porque no entiendo mucho del tema, sólo se usarla. Estaba allí con una remera blanca pegada al cuerpo y de mangas japonesas haciendo un contraste perfecto con su piel dorada y su cabello corto que no llegaba a rubio, más bien era castaño. Descansemos un rato antes de volver, me dijo con voz dulce y suave. Hasta pensé que quizás me lo había roto. |