Una brisa suave proveniente de la costa acariciaba nuestros cuerpos al andar. Dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que te mataban a la hora de cobrarse el arreglo. De pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos… se ve que en un descuido el lazo de la bata se aflojó, o en el apuro de vestirme no la ajuste lo suficiente (esa es la única contra que tiene la seda) y se había abierto más de lo debido dejando escapar sutilmente mis rozados pezones fuera de ella… Con la rapidez que caracteriza la desesperación de el incidente y con mis mejillas prendidas fuego me cubrí y ajusté el lazo … Sin promediar palabra, dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo. Mi cuerpo seguía temblando por el clímax alcanzado, cuándo sentí su pija latir dentro de mí. Estaba sacadísimo. Una sonrisa irónica dejaba ver su blanca dentadura. |