Me senté y crucé las piernas. Bueno, por supuesto, también me hicieron un montón de proposiciones deshonestas (y eso que procuraba ir siempre vestida muy recatada), pero a eso ya estoy acostumbrada. Yo notaba cómo el se encogía en la silla, mientras veía crecer su sexo por momentos y el trataba de taparlo con sus manos ;) Qué dulce! El, que era el que se había opuesto con toda rotundidad a que yo les fijara citas, y ahora parecía un corderillo y decía a todo que sí. Me senté y crucé las piernas. Para ello me llevó a la mesa de la entrada de su despacho y me pidió que entrara en el mail, archivara un documento adjunto de un mail antiguo, creara un documento, lo anexara y lo enviara a su dirección. Era un caos, la oficina era un caos de poca gente, pero hablando continuamente por teléfono, impresoras y ruidos de conversaciones. |