Pero eso no se hace en un lugar público y nunca bajo la atenta mirada de Ekaterina, que auque no es muy celosa, nunca se puede fiar uno de la reacción de una mujer cuando estás a punto de soltarle a otra algo del pelo: “Conozco un hotelito, aquí cerca, elegante y discreto”. No voy a decir que a estas alturas uno se asuste de muchas cosas, se puede decir que de casi ninguna. ¡Joder, las megafonías de algunos estadios no tienen tanto volumen!¿Bailar?. Con tanto meneo, aún después de haberme quitado la camiseta y los pantalones sin velcro, empecé a sudar como un cerdo. Esta mujer es todo arte… para que luego digan del lo frías que son las mujeres del este. ¡Los cojones! La tía, con los tacones acuchillando la moqueta y la punta de la bota derecha marcando el compás, me tuvo moviendo el culo más de media hora. |