Con cuidado, deslicé mis insidiosos dedos entre sus muslos, buscando su chochito, a esas alturas de seguro empapado. Yo estaba sentado en el centro del asiento, sin creerme todavía lo que estaba pasando y dándole gracias a Dios desde lo más profundo de mi corazón. Pues eso, cuando estás en una parada de taxis, normalmente buscas algún entretenimiento entre cliente y cliente, lees, escuchas música, hablas con los compañeros… pero los viernes de marcha no. Y lo mejor: las minifaldas. Si habéis leído hasta aquí (y algunos no lo habrán hecho, pues de momento no ha habido nada de triki triki) pensaréis de mí que soy un quejica. Me llamo Carlos… y soy taxista (por si alguien no lo sabía, je, je). |