Su agresividad conmigo había desaparecido y ahora era mi corderito. Vaya estropicio, comenté mientras le sonreía. Y cada vez que iba a la copiadora de color…Recuerdo un día en especial, pero fueron muchos los días. Turbado al verme sólo con los sostenes entró rápidamente al cubículo de hombres mientras tapaba su gran erección. Sequé como pude la blusa, pero los sostenes estaban húmedos de zumo, así que procedí (pícaramente) a sacármelos y ponerme la blusa sin sujetador. Y no me equivocaba, todos ellos me deseaban y eso me hacía sentir muy excitada. |