Sólo un pequeño gemido, casi imperceptible, nos sacó de nuestra concentración. Adelante y atrás, adelante y atrás; una y otra vez. Esto era muy apreciado por Alberto, y se que a Carlos también le abría encantado, pero el tamaño de su herramienta ni en mis mayores sueños me lo hubiese permitido. Hicimos algunas preguntas de rigor como gustos y usos; queríamos encontrar similitudes o diferencias en nuestras conductas. El, por su parte, se quitó la camisa y relajó el cuerpo por completo. Cuando lo extrajo estaba todo lleno de flujo, y eso le encantó, se podía ver en su expresión dulce y juguetona. |