Aunque puede que la causa de tu desmayo no haya tenido nada que ver. Hizo que me tumbara en la cama y empezó a besuquearme reiteradamente por todas partes con una prodigiosa celeridad, en mis párpados, en los lóbulos de mis orejas, en mis pezones planos, en la piel arrugada de mi escroto. Al tipo la unión parecía estar reportándole un placer puro, sin paliativos, porque babeaba y se removía como el que sufre una pesadilla. La furcia también parecía entregada al delirio de la carne, pues inhalaba aire y se estremecía con el desgarro de una parturienta. —musitó sin perder de vista la pantalla del televisor con la que se había quedado embobado. Me pareció desconcertante que la visión de un paraje tan gélido, pudiera subir tanto la temperatura, pero así fue. |