Cuando poco a poco fueron volviendo a la realidad y una sonrisa aparecía en sus ojos, un pensamiento afloró en sus cerebros: Este sería su secreto. Helena contestó que era una boda, su mejor amiga se casaba. Fue entonces cuando con voz ronca por el deseo le susurró al oído: Lléname de ti ahora, ahora, ahora mismo. Tienes una figura estupenda no debes esconderla si no mostrarla con orgullo. Aprovechando su proximidad Carlos hundió su nariz en el hueco que deja el final del cuello y el principio de la clavícula ¡Humm, hueles deliciosamente! volvió a susurrarle en el oído a Helena. Con un gemido casi inaudible, Helena se volvió de golpe buscando con frenesí su boca. |