Yo ya sabía lo que había ido ha hacer, su cara reflejaba la placidez después del desahogo, y entonces decidí ser todavía más perversa y me acerqué a su mesa cuando se sentaba para comentarle algo de sus contratos en curso. Me encanta. Sin que se me atascara el papel, hacía como que faltaba para recargar la copiadora. Uy, qué torpe dije mientras dejaba el zumo en la mesa y buscaba con qué limpiarme. Su entrepierna creció hasta límites insospechados, vi que su tremenda polla se erguía por dentro de la pernera del pantalón y lo tensaba con fuerza inusitada ante su incomodidad. Me erguí y volví a mi puesto sintiéndome bien puta mientras le oía volver al baño a masturbarse de nuevo. |