Al no encontrar resistencia, él siguió explorando con sus manos la zona de los hombros que el vestido dejaba al descubierto, y Helena acompasó un balanceo de sus caderas con las caricias de esas manos y de pronto comenzó a notar en la base de su espalda como algo en Carlos empezaba a crecer. Con manos expertas Carlos se deshizo de las minúsculas bragas y con dedos magistrales fue describiendo círculos sobre el clítoris de ella para luego introducir dos de ellos suavemente en su vagina sintiendo la tibieza y humedad del interior inmediatamente. Solo un pensamiento se abría paso en su cerebro: Aun no, todavía no. ¡Espera!. Tienes una figura estupenda no debes esconderla si no mostrarla con orgullo. Esas manos ahora volaban hacia adelante y al poco ya estaban abarcando sus redondas tetas. |