Yo también había gemido esa primera noche, y la segunda y tercera también; inclusive algunas lagrimitas tuve que dejar correr antes de poder ver como mis labios arropaban el pene de Alberto, que gustoso entraba y salía de mi cuca una y otra vez. Ese día me enorgullezco de haber soportado esa situación como una campeona. Que me atravesara con dureza por donde se le antojase era lo único que se me venía a la mente. Cuando Alberto me mostró las fotos para estudiarlas me incliné por los Martínez inclusive antes de terminar de verlas todas. Carlos, que no quería esperar más su turno, y que se había excitado mucho al ver mi cuerpo ligeramente cubierto por la dormilona, pensó que ya era momento de ir degustando el manjar prometido. Seguro que no. |