Lamentablemente Enrique jamás me había parecido bisexual, por lo que no me atreví a hacer insinuación alguna ya que desconocía cual sería su reacción. Llegué a la oficina de Enrique pasada las 7:30 p. Yo no sabía que hacer, el verlo desvestirse había ocasionado una buena erección de mi verga la cual no difícilmente se podía ocultar. Como de costumbre, se me hizo tarde en el trabajo y el tremendo tráfico no ayudaba. No podía creer que yo estaba siendo el protagonista de lo que tantas veces había visto en fotos, tenía mi camisa a medio desabotonar, la corbata todavía rodeaba mi cuello, y aun tenía una pierna dentro del pantalón. Enrique apagó su computadora, se paró y empezó a aflojarse el nudo de la corbata y a desabotonarse la camisa. |