Se levantó del asiento que ocupara durante toda la charla y la punta de su verga quedó frente a mis ojos, mostrándome una diminuta boca babeante, que se abría y cerraba siguiendo los movimientos de su mano. Se los puse en la pantalla y pude contemplar su agraciada sonrisa cuando los leyó. Las marcadas y negras cejas de mi interlocutor y sus largas y retorcidas pestañas que enmarcaban sus negros ojos, cual endrinas maduras, atrajeron mi atención cuando descansó su mirada sobre el relato que le había enviado y comenzó a leerlo. Su pene era largo, grueso y derecho y al contemplarle en toda su longitud, gordura y belleza suscitó un fuerte pinchazo en mis genitales, obligándome a decirle, a la vez que empuñaba el ya parado mío. Posees el falo que imagino debiera tener la más bella estatua que existe, la que ha sido durante muchos años quien excitó mis masturbaciones. Mientras mantenía clavados mis ojos en su ancho pecho de marcados pero no excesivos músculos, los conseguidos en el gimnasio intentando ser un Hércules artificial no me atraen, propuse atrevido, al haber encontrado una forma no mendicante de pedirle me enseñase su anatomía al completo. |