Un gemido escapó de mis labios. ¿Por qué no hablas? preguntó. Sin decir una palabra le cogí de los testículos y, suavemente, le arrastré a nuestro dormitorio, le empujé y cayó en la cama, me miraba con deseo. Mi hermana llevó la conversación hacia el sexo, yo sabía que estaba mosqueada con mi actitud y quería saber lo que pasaba, pero yo creía que aún no había llegado el momento de decirle nada. Todo el tiempo que seas capaz de retenerme – le dije con coquetería. Reviví diversos momentos de mi último polvo mientras mis dedos jugaban con mi hendidura y mi clítoris, en pocos segundos me corrí dulcemente. |