Todas me saludaron de lejos y yo les contesté, seguí bailando, pero me sentía como observada, busqué los ojos que me miraban y me sorprendí al ver que era Sara, no me había fijado antes, pero iba vestida de una manera muy sensual. Puffff, pues no sé, la verdad es que tengo ganas, pero tengo el tiempo muy justo…No te preocupes, mira mañana vienes a casa, que Joaquín tiene que irse a ver a un tío suyo y yo no tengo muchas ganas de ir, te ayudo y así puedes salir hoy, ¿te parece buena idea? dijo acariciando mi pelo. Se fue al servicio, yo me fui de nuevo con mis amigos a bailar, me bebí el resto de mi cubata de golpe, el alcohol me subió bastante, estaba en mi punto, no iba a beber más, el ritmo se había metido en mi cuerpo. Había una mujer que se llamaba Sara, a pesar de pensar que entre las mujeres y yo no había nada, ella siempre me había atraído, era una mujer con la que se podía hablar durante horas y horas, muchas veces no estando mi madre, venía ella y esperaba en casa, ayudándome con algo o hablando simplemente. Llegué a su casa y llamé, tardó un poco en abrir quizá tuviera resaca, aunque mi mente, que se trastocó la noche anterior por lo ocurrido, no dejaba de mandarme el pensamiento de que ella estaba desnuda, lo cual me excitaba. Yo nunca pensé que me gustaran las mujeres, pasé mi adolescencia probando chicos mayores, y. |