Va a ser bonito. Por favor, déjate, corazoncito – así le decía a las chavas que conocíamos en las tocadas y se llevaba al coche, bien que recordaba yo nuestras aventuras musicales. Su pierna detrás de mis muslos. Como rara vez se consumía agua mineral en la casa, estos refrescos estaban hasta el fondo del mueble y para sacarlos tuve que estirar las manos y para mantener el equilibrio en zapatillas, levantar un poco la cadera. Riquísimo. Finalmente se levantó y me llevó mis pantimedias hasta mis tobillos para sacármelas de un tirón. |