Ensalivados, dulces, besantes. Cuando su figura apareció en mi ordenador quedé tan maravillado que se me obnubiló la mente y tardé unos largos segundos en reaccionar. Algunas de mis poluciones fueron rutinarias, comenzaron por mover, casi sin darse cuenta, la mano sobre la polla, otras fueron buscadas por diversas circunstancias, las hubo que se iniciaron porque algo sexual me excitó y pocas pasaron al recuerdo al ser agradables y sabrosas. La intensa y penetrante mirada, la fuerza expresiva que emanaba del rostro de ese David de mármol y sobre todo el cuerpo desnudo que representaba a un bello y lindo joven, hizo que se convirtiera, desde el momento que hojeé el libro y encontré la fotografía, en la imagen que mi mente evocaba para excitar mi libido y masturbarme. Parte de ellos son recogidos en el Antiguo Testamento. No solo lo es para mí, sino para toda la humanidad porque desde que salió de las manos de Miguel Ángel, se convirtió en un icono de juventud, belleza adolescente y frescura juvenil, nunca superada. |