A estas alturas su mente había dejado de razonar y solo se guiaba por sus más básicos instintos. Fue entonces cuando con voz ronca por el deseo le susurró al oído: Lléname de ti ahora, ahora, ahora mismo. Los de Él enredándose en el pelo de ella, bajando por la espalda y buscando la encrucijada de sus piernas; la falda del vestido arrugada y enroscada entorno a la cintura. Y diciendo esto apoyo las manos en las caderas de ella. Fue entonces cuando con voz ronca por el deseo le susurró al oído: Lléname de ti ahora, ahora, ahora mismo. A estas alturas su mente había dejado de razonar y solo se guiaba por sus más básicos instintos. |