Es usted un hombre inteligente y atractivo. La cosa iba más o menos bien por ese camino; iba más o menos bien hasta que Doña fea decidió colocar su enorme trasero estampado con una gran variedad de granos sobre el rostro de Fernando. —Al mismísimo vi, pero para bien, mi querida Señora, para bien. Fernando se dirigió mareado a la cocina. Era un hombre bien plantado y cultivado, con exceso de abono tal vez, pero bien podado, cuarentón, un poco amanerado —no mucho—, y de facciones varoniles y ligeramente atractivas. Las dos tenían bellos rostros, cabellos rubios y ojos de color guisante de la marca bonduelle. |