¿MAS FOTOS?

ENTRAR

Sexo fotos

¿AHORA VIDEOS?

ENTRAR

Galerias de Sexo fotos Gratis

Sexo fotos Sexo fotos Gratis Fotos Sexo fotos Videos Sexo fotos Sexo fotos Fotos Galerias Sexo fotos fotos Sexo

 

otros links de interes

fotos gratis gay

voyeurs exhibicionistas

sexo gratis

Sexo Gratis

Lesbianas

 

 

 

sexo fotos,sexo fotos gratis, fotos sexo fotos, fotos de sexo fotos, gratis sexo fotos,fotos sexo fotos gratis, sexo fotos fotos, fotos de sexo fotos gratis, sexo fotos gay, videos sexo fotos, fotos gratis sexo fotos, fotos sexo, sexo gratis fotos, sexo fotos fotos gratis, practicar sexo fotos, sexo fotos con maduras, galerias sexo fotos, galerias de sexo fotos

 

Mini Relatos:

Aquellos dedos...(primera parte)

Muchos amigos y amigas de todorelatos en sus correos se sorprenden por mi afición a la masturbación, aún después de casada y sexualmente muy satisfecha. En respuesta a todos ellos, en especial a una simpática pareja colombiana, intentaré recordar algo de cómo empezó mi afición por el sexo conmigo misma.

Como ya conté en un relato anterior, tengo una hermana casi tres años mayor que yo. Eso quiere decir que, cuando mi instinto sexual empezó a hacerse patente, teniendo unos doce años, ella ya llevaba unos años de rodaje. Dormíamos en la misma habitación y yo me moría de ganas de tener unos pechos tan desarrollados como los suyos y, sobre todo, un conejito bien peludo. En el mío había empezado a aparecer una suave pelusilla, pero el de Isabel era precioso, lleno de ese pelo tan negro. Hay que ver como cambiamos de gustos... ahora me encanta llevarlo completamente rasurado. Por aquella época, Isabel no salía con ningún chico, lo que no quiere decir que no llevara una vida sexual de lo más agitada: prácticamente cada noche, mientras yo me hacía la dormida, ella tenía su buena sesión de dedo. Yo, muy quieta y callada observaba aquel sensual movimiento bajo las sábanas y escuchaba los gemidos que ella no lograba reprimir. Tras el orgasmo, no tardaba en quedarse dormida como una bendita. En esos momentos, yo aprovechaba para empezar a explorar mi joven cuerpo, que cambiaba a marchas forzadas, mis pequeñas tetilllas, en las que los pezones empezaban a marcarse descaradamente y sobre todo, empezaba a descubrir los rincones de mi conejito. No creo que en esos momentos experimentara mis primeros orgasmos, pero era enormemente agradable pasar un buen ratito antes de dormir probando los primeros placeres del sexo.

Fue a los pocos meses, después de tener mi primera regla, cuando tengo conciencia de haber llegado a mi primer orgasmo. Había llenado la bañera para disfrutar de un buen baño relajante. Después de un buen rato, el agua se empezó a enfriar, por lo que abrí de nuevo el agua caliente. Era muy agradable sentir el chorro de la ducha caliente por todo el cuerpo. Casi sin quererlo, aproximé el fuerte chorro de la ducha a mi ya bien poblado conejito El juego estaba consiguiendo ponerme muy caliente, sobre todo cuando dirigía el chorro directo a mi recientemente descubierto clítoris. Seguí con el juego, con una intensidad cada vez mayor. Aparté la ducha y me concentré en dar placer a ese pequeño punto que tanta intensidad de placer me proporcionaba. Una corriente partió desde él hacia todos los rincones de mi cuerpo, mientras era consciente de haber llegado al primer orgasmo de mi vida.

En los siguientes meses, no perdí el tiempo: casi cada noche tenía una buena sesión de dedo, tras oir los gemidos de mi hermana o sin necesidad de ello. Mi técnica mejoró sensiblemente y descubrí nuevas y placenteras formas de masturbación: con la ducha, con la almohada entre mis piernas y, mi preferida, sin quitarme las bragas, metiendolas en mi rajita y tirando de ellas arriba y abajo. Fue precisamente en esa posición en la que me encontró una tarde mi hermana, casi al borde del orgasmo, despreocupada pues pensaba que ella y mis padres tardarían más en llegar.

Tranquila, tu sigue, que es muy malo quedarse a medias...ya veo que eres toda una experta.

Yo no pude hacer más que seguir su consejo y el deseo pudo más que la vergüenza. Allí mismo seguí hasta llegar a un espléndido orgasmo, más excitante aún por el hecho de sentirme observada.

-Bueno...me parece que voy a tener que usar el baño, dijo mi hermana con aquella sonrisa pícara.