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-¡Sí, siiiií! –Volvió a gemir -¡Voy a correrme Fernando! ¡Joder, joder, joder… Dios mío! ¡Voy a correrme como una fulana, me voy a mear de gusto…!

No pude más. Bajando el ritmo de mi mano un escalofrío terrible me recorrió el estómago y un gigantesco chorro de semen ardiendo salió disparado de mi polla. En cuanto ella notó el impacto justo en su cuello, se empezó a correr como una bestia. Gritaba y se retorcía sobre la cama, sin dejar de mirar mi polla que escupía un chorro detrás de otro. La puse perdida. Mi leche llegaba hasta su frente, dejando por todos lados goterones blancos.

Nos miramos enfebrecidos. Sonrientes.

Por supuesto allí no acabó todo.

Después me incorporé y comprobé que mi rabo, aún goteando, seguía tieso como un palo. Ella seguía en la misma postura, frotando mi semen por su cuerpo y recorrida de vez en cuando por un escalofrío que la hacía temblar.

-Ven –Le dije en voz baja. –Cómeme la polla, vamos. Acaba el trabajo y déjala bien limpia. ¡Vamos! –Grité jadeante.

Merche se arrodilló entre mis piernas y abrió lentamente la boca. Sabía que me gustaba verla chupando mi nabo sin tocarlo con las manos. Me volvía loco observar el movimiento de su cabeza, adelante y atrás. Ver como mi polla desaparecía dentro de su boca sin ninguna mano por el medio. Sin que nada impidiera esa exquisita visión. Y así lo hizo ella. Adelantó levemente la cabeza y avanzó hasta comerse mi capullo. Entonces yo, por sorpresa, di un golpe con las caderas y le follé la boca por completo. Noté como la punta topaba al final de su garganta. Ella retrocedió y sintió una arcada de inmediato. ¡Oh, Dios! Siempre me ha puesto muy cachondo ver como las tías sienten ganas de vomitar cuando una polla les llega hasta el fondo. Pareceré un loco, pero me pone a mil.

No le dejé casi respirar.

La agarré de la cabeza y la obligé a volver a mamármela. Esta vez con más suavidad, volví a penetrar su boca hasta que sentí su campanilla.

De nuevo otra arcada, pero la sujeté firmemente. Ella tosía e intentaba echarse hacia atrás, pero sin éxito. Sé que esto lleva unos segundos de adaptación. Cuando hay algo introducido muy adentro de la garganta, pasan unos segundos de angustia, cierto. Pero después, el cerebro reconoce el objeto y y acaba por permitir que aquello que tanto molesta, deje de molestar; convirtiéndose en algo cada vez más soportable, hasta que el placer sustituye por completo cualquier sensación de náuseas.

En efecto. Dejé mi polla entera dentro, sin moverme. Ella lo pasó muy mal, pero poco a poco, dejó de sentir ese ahogo y empezó a disfrutar de verdad, a disfrutar con algo desconocido para ella. Sentía la garganta a punto de reventar, llena de una cosa gruesa y caliente, y a la vez, esa sensación de violación se mezclaba con un placer extraño y el asombro de ver lo que es capaz de hacer un ser humano

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