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¡Santo Dios! –Pensaba Merche para sus adentros –Tengo toda esta cosa dentro de la boca ahogándome, pero cada vez me gusta más sentirla. ¡Joder!, soy una guarra, una puerca y sentirme así de humillada, obligándome a hacer esto, hace que se me moje el chocho. ¡Uf! Me está chorreando…
-Muy bien, puta –La felicité –Quieta, no te muevas. Voy a follarte la boca, ramera. Voy a follarte hasta el fondo. Sé que te gusta. Ahora sí. Ahora te voy a poder joder la garganta entera.
Empezé a moverme con suavidad, pero sin piedad. Yo veía como mi rabo se deslizaba dentro de su boca hasta el final, hasta que mi vientre tocaba su nariz.
Era como follarse un enorme coño. ¡Chop, chop, chop! Dentro, fuera… dentro, fuera… dentro, fuera. Toda. Toda entera entraba y salía. Cuando esto sucede, la saliva se vuelve espesa, muy espesa. Y mi polla brillaba, llena de babas. Parecía que estuviera barnizada. En ese instante la saqué y me quedé quieto. Merche se quedó con la boca abierta, esperando una nueva penetración. Varios hilos de saliva le escurrían del labio inferior. ¡Joder, qué imagen! Verla así, enloquecida de placer, ansiosa por recibir otra vez mi polla entera y con aquella cara de viciosa llena de su propia saliva, casi hizo que me corriera.
-Escupe –Murmuré –Escúpeme en la polla.
Ella me miró durante dos segundos, bajó la vista y mirando la punta de mi rabo, escupió.
Con su mano extendió el escupitajo por todo el miembro. Me dio dos o tres sacudidas y volvió a escupir. Esta vez lo hizo de una forma más sucia. Ya no existía vergüenza alguna. Merche cada vez se sentía más libre, como enloquecida ante tanta facilidad para poder hacer la cochinada más sucia que yo le pidiera. No importaba. Me obedecería en todo, estaba muy claro. Lo mejor es el placer que ella sentía dejándose arrastrar hasta donde fuera. Sin control. Sin miedo. Con ansia…
Yo iba a morirme de placer. Tenía ante mí a la única mujer que cumpliría mis deseos. Mis deseos más sucios y retorcidos.
La cogí de los brazos y la levanté. Acerqué mi rostro al de ella hasta que quedaron a dos centímetros uno del otro. Su aliento me llenaba entero. Ese olor dulce, caliente, impregnado de sexo subía por mi nariz y estallaba en mi cerebro inundándome. Ella no dejaba de jadear. Y estábamos tan cerca, que exhalaba sus jadeos directamente en mi boca. ¡Dios…! Sin pensarlo dos veces, escupí en su boca, en sus labios. Quería verlos mojados de mi saliva y ver cómo respondía ella.
No sólo le gustó, sino que dando un gemido dijo:
-Otra vez, hijo de puta, otra vez
Volví a hacerlo y ella gimió de nuevo, borracha de placer. Eso era lo que ella quería. Quería sentirse la golfa más vulgar que pudiera. Aquello era perfecto. Yo, como un chulo sin escrúpulos, sin educación, escupiendo en su boca. Era humillantemente obsceno. No pudo evitar frotarse el coño con los dedos, notando como resbalaban por tanta humedad.
De nuevo la obligué a arrodillarse para que continuara chupando. Ahora mi polla resbalaba con increíble facilidad por su garganta. La tenía bien lubricada, y entra y salía sin ningún esfuerzo.
-¡Oh, Merche! –Exclamé yo mareado de gusto –Sí, si, mójala bien, zorra. Déjala bien untada. Quiero que esté bien preparada. ¿Sabes para qué? Dime, ¿lo sabes?
Ella asintió con la cabeza, sin dejar de chupar.
-Dímelo –Le dije –Dímelo tú.
Echó atrás la cabeza y mirándome a los ojos murmuró:
-Para que me la metas por el culo.
Oír de sus labios la palabra culo, me enloquecía.
-¿Es eso, no? –Continuó ella –Tiene que estar bien mojada para que entre bien por el agujero de mi culo, ¿verdad? Eres un cerdo. Te vuelve loco follarme el trasero, ¿eh? Sé que te gusta más que mi chocho, guarro. A mí también, por Dios, a mí también. Quiero sentir esa cosa gorda dentro de mi culo de puta. ¡Por favor! ¡Encúlame, Fernando! Hazme sentir lo golfa que soy…
No me hice esperar. Le indiqué que se girara y me ofreciera su culo.
Ella misma lo abrió con sus manos, despacio, como a mí me gustaba. Al hacerlo, su delicioso ojete se presentó ante mis ojos en todo su esplendor. ¡Qué pequeño era, joder! Me volvía loco pensar como se lo iba a abrir con mi polla. Me agaché detrás de Merche, con la cabeza a la altura de su trasero. Miré unos segundos el pequeño agujero y escupí sobre el. Ella gimió al notarlo. Mi rabo estaba mojadísimo de sus anteriores chupadas y, apuntando con precisión, la punta de mi polla presionó en la entrada de su culo. Empujé suavemente hasta que el capullo entró. Sólo el capullo. Una vez dentro, me quedé inmóvil.
-¡Oooooh, siiii! –Gimió ella
Me moví casi imperceptiblemente, follando su culo de manera que el resto de mi mango no penetrara. Únicamente era mi glande el que entraba y salía. Tras pocos segundos, el esfínter de Merche comenzó a dilatarse de una forma indecente. ¡Dios santo, tenía el conducto anal empapado! Sin avisar, con un gesto certero de caderas, se la clavé entera, de una vez. Mi cacharro se se deslizó dentro de su culo con una falicidad asombrosa, resbalando obscenamente hasta que mis huevos hicieron tope en su coño.
-Hijo de puta…-Jadeó Merche –Me la has metido entera, ¿eh, cabrón? ¿Has visto como entra? –Últimamente –Continuó ella –cuando me masturbo me gusta meterme cosas por el culo… ¡Ooooh, soy tan puta! He entrenado bien mi cochino culo para ti, Fernando. Se que te gusta follarme por ahí…
-¿Ah si? –dije yo loco de placer, mientras metía y sacaba mi gruesa tranca con suavidad –Así que la zorrita ha estado haciendo cosas indecentes, ¿eh? Vaya, vaya… Resulta que eres más puerca de lo que yo pensaba… ¿Y en qué piensas cuando te estás metiendo esas cosas, marrana?
-En ti… Sólo en ti… -susurró ella casi sin poder hablar. Sentía su esfínter lleno de polla, y notaba como aquel cilindro ardiente de carne le raspaba las paredes del recto en cada mete-saca.
-No mientas –dije yo con voz autoritaria –seguro que piensas en otros.
-No, nooo, oooooh… -gemía Merche
-Dime la verdad o dejaré de follarte, ramera –Ahora yo hablaba con severidad –Vamos, dime en qué cosas piensas
Ella se retorcía de placer. Abrió más sus piernas y separó sus nalgas al máximo. Quería notar como su trasero era follado por completo.
-Ooooh, joder –suspiró –Me haces sentir tan sucia… Vale, sí. Pienso cosas que me avergüenzan, no me atrevo casi a decirlas…
-No vengas con cuentos –casi le grité. Le dí una sonora bofetada en sus nalgas -¿Piensas que soy imbécil?
-Mmmmmh, mierda, cabrón. Cada vez tengo el ojete más abiertooooh… me lo abres bien, cerdo… -Merche estaba en un estado que yo jamás había visto –Pienso… pienso a veces que me dejo dar por detrás por cualquier desconocido, por cualquier tío que pasa por la calle y me sodomiza como a una fulana, dejándome tirada luego como un desperdicio. A… a veces… ¡Ooooh, como me follaaaas…! A veces un viejo asqueroso me obliga a enseñarle el trasero y luego me refrota su sucia polla por la cara. Me da mucho asco, pero no puedo evitar manchar las bragas viendo como no me puedo resistir a ello. El viejo tiene la tranca como un caballo, el cerdo… Le huele a pescado podrido, y a mí me excita, Dios mío. Me excita saber que luego me va a meter ese gigantesco pollón hasta el fondo del culo… a veces son amigos tuyos, otras son los novios de mis amigas. Alguna vez también pienso en el padre de alguna de ellas…Pero la mayoría de las veces, imagino que tengo un hermano. Madre mía que degenerada soy… Sí. Mi propio hermano que tiene una polla enorme, monstruosa. El solo tiene dieciséis años, pero tiene entre las piernas un rabo desproporcionado; muy grueso, gordo, muy gordo… ¡No pares, no pares Fernando…! Un día mi hermano me obliga a mamársela. Toda. Casi no me cabe en la boca, joder. Es tan gorda como mi muñeca…Después me la mete toda entera por el culo. Me hace mucho daño, pero enseguida me corro como una bestia, con ese descomunal trasto bien adentro de mis entrañas, sabiendo que es mi propio hermano el que me humilla… Ooooh, Fernando, me voy a correr ya, por Dios. Me voy a correr por el culo… por el culo… por mi culazo abierto…
-Muy bien, cerda –dije yo, mareado de gusto. El interior resbaladizo de su trasero me frotaba la polla tan maravillosamente que yo también estaba a punto –Ya imaginaba todo eso que me has dicho, guarra. Córrete, vamos, córrete imaginando todo eso, imagina como todos se corren encima de tu cuerpo, por todo, por tu cara, tus tetas, encima de tu gordo chocho de puta. ¿Lo ves? ¿Notas como te inundan con sus corridas? Míralos a todos, mira tu hermano como te mira, con esa polla enorme apuntándote y echando toda su leche caliente sobre ti. Como yo ahora, zorra. Me voy a correr dentro de tu culo… ¡Dios, siii, siiii me corro, me corro en tu culoooohhh!
Con un sólo roce de sus dedos en su inflamado clítoris, Merche entró en una espiral sin fondo, en un éxtasis increíble que la precipitó fuera de la atmósfera terrestre. Se corrió entre sollozos, fuera de sí, como si alguien o algo la hubieran poseído. Sólo pudo gritar. Un sólo grito que nació de su vientre mismo, mientras terribles escalofríos recorrían su cuerpo como descargas de miles de voltios. Cayó sin sentido sobre la alfombra, sudorosa, sin dejar de temblar…
Anal-1