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Le dí una sonora bofetada en una de sus nalgas. Ella se retorció levemente, mientras un escalofrío recorría su vientre.
-¡Plaf!
En esta ocasión, un poco más fuerte.
Merche dejó escapar un gemido a la vez que volvió su cabeza para mirarme.
-No dejes de mirarme a los ojos –Le ordené.
-¡Plaf!
Ella abrió la boca y gimió de nuevo.
-¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! Merche aguantó mi mirada con la suya. Se sentía una depravada, dejándose abofetear el culo mientras nos mirábamos a los ojos, viendo la expresión de cada uno, dejando fluir un torrente de sinceridad. De sinceridad sexual. Era como dejarse caer por un precipicio, experimentando un formidable vértigo que nos hacía temblar. El gesto de ella con cada estallido de mi mano, salía de lo más profundo de su alma. Era real. Entrecerraba los ojos y dejaba salir de su boca medio abierta un jadeo, un "Oh" de puro placer animal.
Entonces dejó de mirarme a los ojos y bajó la vista para poder ver cómo me la estaba machacando. Yo me la meneaba velozmente, como queriéndome correr en ese momento. Y después, con lentitud deliberada. Para que ella pudiera observar a sus anchas mi mano, subiendo y bajando por el tronco de mi polla, que estaba en su máximo estado de dureza. Hinchada, rígida como una tabla.
Dejé de castigar su trasero y con un gesto de los ojos, le indiqué que caminara hasta la cama.
-Túmbate –Le dije -¡Date prisa, joder! No me digas que no estás deseando enseñarme el chocho. Vamos, se que te gusta enseñármelo todo, que lo pueda ver bien…
Merche obedeció al instante y se apoyó en el borde del colchón, dejando el culo fuera. Se echó hacia atrás y abrió sus piernas con una lentitud que casi me cuesta un infarto. Se las sujetó con las manos y tiró de ellas hacia atrás. Ahora sus rodillas tocaban sus hombros y pude ver por completo su coño, que había rasurado y el pequeño agujero oscuro, delicioso, hambriento de su culo.
-¿Lo ves todo bien, cabrón? –Dijo ella con una sonrisa de medio lado -¿Ves bien mi enorme chocho de puta? Mira cómo me lo has puesto, cerdo. Mira lo que me haces hacer.
Y paseó con mucha lentitud la yema de uno de sus dedos a lo largo de toda la raja de su coño. Luego, más lentamente aún, separó el dedo, mostrando un grueso hilo de baba que lo unía. Espeso, blanquecino. Volvió a hacer lo mismo varias veces, y entonces, volviendo a mirarme a los ojos, se metió dos dedos de un solo movimiento. Los dos oímos con claridad el ruido chapoteante que hicieron.
-¡Chop!
Merche cerró los ojos, sintiendo sus dedos bien metidos, hasta los nudillos. Allí los dejó unos segundos, hasta que los empezó a sacar, lentos, muy lentos. Ví que brillaban, empapados en su flujo viscoso.
Ella se fijó en ellos y sonrió nerviosa, asombrada de lo mojados que estaban.
Me podría haber corrido sin ningún problema en aquel mismo instante, pero me contuve como pude.
-¡Joder! –Exclamó Merche –Mira qué mojada estoy, Fernando. Mira lo puta que soy, como me escurre el chocho…
-¡Chop!
Volvió a meterse los dedos, esta vez con más fuerza. Y comenzó a meterlos y sacarlos con velocidad, provocando el ruido más obsceno que existe en el universo. Gemía con cada mete-saca y removía sus caderas, queriéndome enseñar lo guarra que podía ser.
-Vamos a corrernos así, Fernando –Me dijo jadeante. –Por favor. Quiero correrme mientras me lo echas todo encima. Por favor, por favor…
Comprendí que tanto deseo guardado tiempo atrás iba a estallar ahora. No se podía esperar más. Había que liberar aquel torrente que cada uno llevaba en su interior.
-Muy bien –Dije aumentando la velocidad de mi mano. –Tú ganas. Voy a correrme como nunca lo he hecho, lo presiento. Te voy a inundar de leche, hija de puta. Sabes mejor que nadie lo que me gusta, ¿verdad? Sabes que me pone a mil ver como te follas tú misma con los dedos… ¡Joder, eres una asquerosa marrana!
-Sí, Fernando, sí. –Gimió ella. Ahora estaba literalmente follándose el coño con sus dedos. Lo hacía con violencia, con furia. Metía y sacaba los dedos por completo, provocando lo más posible ese ruido que me enloquecía. Con la otra mano, frotaba su clítoris como si fuera una batidora, con una velocidad endiablada.
Anal-1