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Una vez más, Coretta decidió espiar a Vandermeer y a Fuste, con el propósito de saber acerca de su futuro. Al parecer, ya estaba todo dicho acerca de su viaje a Inglaterra...

Aunque Claudine se opusiera a todo, Coretta sería enviada, junto con Federica ,una a Inglaterra, tal vez la otra a Flandes. Y hablando de Flandes, el sacerdote Lacroix anduvo en varias de las iglesias del lugar. Y como ya saben, había ,en cada una de las iglesias, al menos una jovencita. Y también había uno que otro clérigo perverso y con varios meses de abstinencia.

LAS AVENTURAS DE LACROIX.

 

Debido a mi placentera estancia en Flandes, deberé escribir todo cuanto ha acontecido y todo cuanto he deleitádome con semejante viaje.

En los primeros días, llegué a una iglesia liderada por un clérigo anciano llamado Decraeye.

El señor Decraeye me pidió llevar una carta a París a un clérigo amigo suyo, Henrey. Llevo las cartas ahora. Voy en camino a París. Pero el camino es largo, y temo que no volveré a La Abadía hasta después de unos meses.

Este escrito será archivado en los documentos ocultos de La Abadía, así como son las recetas semi-soporíferas del monje Ulrich, mismas que el utilizó para poseer a las monjas más dulces y tímidas de hace ya un siglo.

En mi estancia en la iglesia de Decraeye, me encontré con una dama de alta alcurnia allá en la tierra de Flandes. A menudo asistía a la iglesia a su confesión casi diaria. En la que siempre se atormentaba por haber engañado a su marido, diciéndole que iba a visitar a su madre a Ámsterdam cuando en realidad iba de viaje a Inglaterra y a París.

En realidad me pareció tonta. Pero era tan dulce, tímida y encantadora que la vi como una princesa del milenio pasado, así de dulce e inocente. De cabello rubio y rostro angelical, esposa de un rico comerciante escandinavo, que apenas le hacía algún caso, y cuyas atenciones eran tan frías e indiferentes que despertaban en mí un odio terrible...

Fue un día que ,sabiendo de mi estadía en una de las mejores abadías francesas, el enfermo señor Decraeye me pidió que tomara su lugar por una semana en las confesiones...

Durante las misas noté que su mirada se centraba en mí. Y no sólo una vez. Fueron varias...

Pero un día de confesión, la inocente muchacha fue conmigo y preguntó por Decraeye, a lo que le contesté que por un tiempo yo sería el encargado. No se preocupó más...

En ese instante deseé tener en mis manos una pócima de Ulrich, pero no... Entonces la hice pasar a un cuarto cerrado con llave, donde Decraeye se prestaba para las confesiones.

Ahí me dijo cuanto se atormentaba por haber "engañado" a su marido una y otra vez...

Y respondí:

 

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