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7) El W.C: Algunos clientes desean ser usados como
water, aunque no es mi especialidad, si el cliente paga un extra, se le
permite. En estos casos, coloco al cliente en un agujero que hice a
medida para tal fin. La cavidad en el suelo, a modo de pozo,
imposibilita que el cliente salga de ella sin ayuda externa. La cabeza
siempre sobresale, quedando el cuello a ras del suelo. Sobre la cabeza
coloco la bandeja del water, apenas un cilindro de mármol grueso, con
tapa y todo, donde los clientes se sientan para evacuar. El cliente
siempre queda empapado de pis y heces, aunque nunca permito que abra la
boca, dejándola mediante bola de goma convenientemente cerrada. Supongo
que el cliente se sentiría mejor si pudiese tragar algo, pero por
razones de seguridad, no lo considero nunca.
8) La alfombra: Esta es la última recreación que uso
en mi negocio. Es la más clásica y simple de todas. Se coloca al cliente
a ras de suelo, extendido y boca arriba, atado convenientemente,
juntando sus piernas y dejando los brazos también atados y extendidos
junto a las piernas y el pecho. Se le enfunda con látex rojo, y se le
sitúa en la entrada al salón o debajo de la mesa principal. Los demás
clientes lo usan para pisotearlo, reposar los pies, o escupir sobre él.
Nunca en la cabeza debe ser pisado, eso sí.
Una lección práctica
- Y bueno, creo que hasta aquí, ya te expliqué un
poco mi “mobiliario”- Abril asentía con la cabeza, mientras su
excitación comenzaba a dejarse evidenciar. Sus lindos pezones
puntiagudos dejaban marcarse sobre aquella blusa blanca, y sus dilatadas
pupilas, reflejaban y recreaban escenas de ultra-bondage. Movía
incipientemente los dedos de las manos, y oía atenta los consejos de su
maestro, las lecciones que la convertirían en un ama estricta. Comenzó a
lubricar rápidamente y su respiración se hizo más entrecortada, Rafael,
que la observaba, no dejó pasar la ocasión y la agarró fuertemente por
las muñecas, dejándoselas atrás en la espalda. Después la miró fríamente
a los ojos y le susurró algo al oído: “¿Quieres una clase práctica?”.
Ella apenas asintió, y Rafael ya estaba preparando una de las muchas
recreaciones mobiliarias, en este caso, la silla balancín-. Abril,
quiero que sepas, que ahora voy a explicarte in situ, cómo hacer un buen
trabajo- La agarró fuertemente de las manos y la llevó a otra estancia,
allí había un armario del que extrajo un traje negro de látex. El traje
traía cremallera por atrás, la abrió y lo dejó colgado en el perchero-
Creo que se nos olvida algo, Abril.-le susurró.
-¿El qué?- extasiada ella.
- Para introducirte aquí dentro, debes antes
desnudarte, no sea que tengas demasiado calor, con esas ropas que traes.
Abril comprendió en seguida y comenzó por la blusa,
que se sustrajo al momento, dejando su sujetador rosado, a la vista de
Rafael. Su delicada piel blanca, fue vista al completo, al quitarse la
falda que traía, y esta vez, Rafael le pudo ver el tanga rosado,
conjuntado del sostén. Allí, en pie, Abril se mostraba en ropa interior,
delante de Rafael, y completamente excitada y a su merced. Lo siguiente
fue el sujetador, y mostrando unos duros, aunque pequeños pechos, Rafael
no pudo evitar babear con el espectáculo. En seguida se bajó el tanga y
allí apareció una linda rajita apenas sin pelos, y empapada de sus
jugos.
Rafael la cogió y la enfundo en el traje, no sin
antes ponerle una mordaza con bola en la boca.
-Ahora no puedes hablar, si deseas continuar, puesto
que esto es solamente para tu aprendizaje y no hay contrato formalizado,
deberás asentir con tu cabeza para que continuemos- ella asintió con la
cabeza, pero antes quiso hablar y solamente unos dulces “mmm” con babeo
incluido salieron de su boca. Rafael prosiguió y le advirtió que ahora
le colocaría los tapones para los oídos, le dijo que desde que se los
pusiera, ya no podría oír nada, que estaría totalmente a merced de él, y
que era el último momento para parar todo. Ella volvió a asentir,
inclinando la cabecita, y él le cerró bruscamente la cremallera, dejando
solamente su cabeza al aire. Acto seguido le introdujo unos tapones para
los oídos y le puso la caperuza, que le tapaba la cabeza totalmente.
Ahora ni podía hablar, ni oír, ni ver nada, apenas unos orificios para
respirar.
La condujo torpemente hasta la silla balancín, que
apenas era una estructura metálica. La colocó de tal forma que sus pies
toparan con sus brazos, quedando la parte de su culito y sus muslos en
la parte superior. Acabó la faena atando todo el conjunto con tiras
anchas de goma, y comprobando que el asiento era sólido y resistente al
peso de su cuerpo. Se sentó lentamente sobre ella, y apenas ejercer
presión al levantar los pies del suelo, oyó como un “mmm” apagado, y
supo que ella ya lo sentía encima. Movió el balancín hacia delante y
atrás, acomodando su trasero sobre Abril, mientras ella permanecía del
todo rígida, inamovible, convertida en un balancín, en una mecedora
humana.
A los 15 minutos, se levantó para comprobar su
presión arterial, con un aparato especial que la media a través del
látex de su brazo. Estaba bien, y decidió merendar algo, dejando a Abril
en aquella posición, un ratito a solas. |