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Al momento llamaron a la puerta de su local.
-¡Vaya! ¿Y ahora quien será? – se olvidó por un
momento de Abril, que estaba en el salón convertida en mecedora, y abrió
la puerta al cliente. Se trataba de un joven de apenas 19 años, que a
trompicones llegaba a su local, por lo visto sus amigos, situados detrás
de él, le empujaban e incitaban para entrar a su local.
-Buenas- dijo uno de los amigos que traía detrás-
Resulta que es la despedida de soltero de nuestro colega, y queríamos
saber si podía pasar para “sentarse en alguna silla disponible, jejeje”.
-A ti te conozco, eres el hijo de Doña Paquita
¿verdad?- le preguntó al joven casadero.
-Oh, sí, vaya, es mi madre, una de sus clientas, es
por ella que he venido aquí- le contestó algo nervioso.
-En ese caso, sí, de acuerdo, tú puedes pasar, y
vosotros- mirando a los demás por encima de sus cabezas- esperarlo aquí
en la salida, el servicio se lo haré gratis por 15 minutos- todos
asintieron y el joven, entró en el local.
-Bueno, muchas gracias por dejarme el servicio
gratis. Pero diga, ¿qué tiene disponible ahora mismo?
-Jejeje, creo que te encantará, se trata de una
jovencita de casi tu misma edad, claro que no puedo decirte de quien se
trata.
El joven se puso a mil, su pene comenzó a crecer, y
crecer, y casi se corre allí mismo, si no llega a ser porque estaba más
nervioso que excitado.
Pasaron al salón, y allí estaba, Abril, la mecedora
humana.
-Muy bien, tienes 15 minutos, ni uno más, te dejaré a
solas, pero no cometas estupideces, que vigilo- A todo esto, se alejó a
otra estancia, dejando al joven de pie en frente de Abril.
El chaval comenzó a desnudarse, quería sentir su
cuerpo desnudo sobre el caliente látex que formaba aquel asiento. Se
sentó nerviosamente sobre Abril, que sintió la presión, y notó que era
distinta a la de antes (este joven pesaba menos que Rafael). Ella no
sabía bien que pasaba, pero como tampoco podía hacer nada para evitarlo,
se dispuso a disfrutar del momento, dejando el anterior orgasmo para
volver a tener otro. El joven se balanceó fuertemente, apoyando su
cuerpo de forma normal a como lo haría en una auténtica mecedora. Se
corrió sin querer, levantándose antes del culo de Abril, y empapando el
látex que la cubría en semen. Ella apenas notó nada de eso, solamente
la presión al levantarse. Al momento el chaval, ya más relajado y sin
excitación, quiso tocar aquel lindo trasero de veinte añera, y posó sus
manos sobre él, acariciando y pellizcándolo. Abril sintió ahora unas
punzadas en su culito embutido, y soltó un “mmm”, que junto a babeos se
hacían más intensos, conforme el joven llegaba a oírlos, forzando más la
situación, y apretando con más virulencia el trasero de la joven Abril.
Después de pasar los 15 minutos, entró Rafael en la
estancia, y pilló desnudo al joven, que se tapó rápidamente y se alejó a
toda prisa, evitándolo en el dintel de la puerta.
-Maldito pervertido, deberías saber que está
prohibido desnudarse- le gritaba desde lo lejos, mientras se alejaba con
el resto de sus amigos.
Rafael, dio por concluida la sesión práctica con
Abril.
Comienza el espectáculo
Rafael liberó a Abril de aquella posición sumisa
extrema, y la dejó sola en la habitación para que se vistiese, las
clases de ese día habían concluido.
-Bueno, hasta mañana- espetó Abril, sonriente.
-Por supuesto, además mañana tú, serás clienta, tengo
unos servicios que atender y estoy falto de clientes para ello.
Rafael no solamente sacaba dinero de los servicios a
sus clientes por convertirlos en mobiliario durante unas horas, sino
también por dejar usar el mobiliario, de esta forma, tenía clientes para
usar y ser usados, ganando siempre mucho más dinero. Si alguna vez había
demasiados clientes pasivos (muebles), él mismo debía ser cliente
activo, lo cual era sencillo, pero otras veces había demasiados clientes
activos, por lo que perdía dinero, no pudiendo ofrecer servicio.
Pero el día de mañana se presentaría muy bien, tenía
4 clientas pasivas, y 2 clientas activas, claro que con Abril y él
mismo, ya eran 4 para 4. Una medida perfecta para la sesión. Además
todos a la misma hora, como era habitual, en servicios colectivos.
Las 4 clientas pasivas eran de la misma familia, 2
hermanas y sus 2 primas, todas de la misma edad, unos 30 años, y con
unas ganas de marcha increíbles. A una de ellas la había tenido en
anteriores sesiones como alfombra humana, y a otra como perchero, de las
otras 2, no conocía nada todavía. Las dos hermanas, hijas de un
respetado juez vasco, eran unas pijas de mucho cuidado, dadas al vicio y
al desenfreno. Sus primas, igual de pijas que ellas, era de suponer. Las
2 clientes activas eran habituales de su local. La primera, una mujer de
40 años, empresaria, muy adinerada y dueña de una constructora
importantísima. La segunda, otra mujer, esta vez más joven, de la edad
de Abril. Una chica maltratada por sus padres, que ganó en la lotería
una fortuna considerable. |