|
El escenario se presentaba fuerte y con el plato de
tener a Abril, su ya querida y hermosa aprendiz, que esta vez aprendería
a estar como ama, y no como sumisa.
Las primeras en llegar fueron, lógicamente las 4
treintañeras. La más alta de todas, también era la que mejor figura
tenía, unos enormes y abultados senos, unas largas piernas y un culo muy
sugestivo. Su hermana, no era para menos, algo más bajita, pero con unas
enormes tetas y un culo muy redondito. Las dos primas resulta que eran
gemelas, o eso le pareció a Rafael, porque además de ir igual vestidas,
ambas con minifalda roja muy corta y unas botas de tacón de aguja a
juego con sendas blusas muy ajustadas, que marcaban sus pezones, se
parecían como dos gotas de agua. No fue precisamente en sus cara en lo
primero que se fijó Rafael, (observe el lector que Abril se conjuntó esa
mañana muy escotada y con unos pantalones que le resaltaban, por lo
ajustados sus labios vaginales, por lo que Rafael ya iba muy caliente
para la recepción de aquellas 4 hermosas hembras.)
Tras las oportunas presentaciones y unas copitas de
vodka con ginebra, comenzó la sesión, y sería la primera que vería in
situ y como ama, nuestra querida Abril:
-Amo Rafael- preguntó en representación de las demás
una de las cuatro- ¿Puede hacernos hoy un servicio especial?
-¿Qué especialidad?
-Pues, mis primas y mi hermana, habíamos pensado en
que hoy podríamos ser no solamente atadas, también podríamos servirles a
los dos para lo que deseen – con la cabeza gacha.
-Pero que zorritas sois ¿eh?, menudas estáis hechas.
¿Qué dirían vuestros padres…?
-No creo que deba preocuparse por ellos- respondió
una de las primas- ya sabe que no les toca sesión hasta dentro de un mes
más o menos.
Parecía que aquella sesión, iba a convertirse en
mucho más de lo que estaba pactado de antemano.
-Está bien, pero mi nueva ayudante, también
participará, esa es mi condición. Ya sabéis que los extras los pago
aparte- seriamente Rafael.
-Sí señor- respondieron al unísono las cuatro.
Rafael les ordenó que se desnudaran completamente
allí mismo, y éstas lo hicieron de buena gana. Al poco rato, ya
mostraban sus encantos a ambos amos. Abril no pudo resistirse al encanto
de una de las gemelas y comenzó a lubricar, aunque no era lesbiana, la
situación le ponía por momentos, y no sabía que pasaría después.
Una vez desnudas, Rafael las fue atando una tras otra
por las muñecas en la espalda, y los tobillos entre sí, después a todas
por igual siempre, las colocó a cuatro patas en círculo en torno a ellos
dos (Abril y él), acto seguido le recomendó a Abril que se desnudara
también, porque era su trabajo y ellas le iban a chupar lo que pidiese,
él también se desnudó enseguida. Las 4 hembras comenzaron a excitarse y
mojarse todas, las gemelas se fijaron en el vello púbico de Abril y se
dirigieron lentamente hacia allí. Mientras, las dos hermanas, ya
chupaban la enorme polla que mostraba Rafael, a dos bandas, mamada tras
mamada, un lengüetazo tras otro, Rafael se corrió en la boca de una de
ellas. En ese momento las gemelas ya acariciaban con sus respectivas
lenguas los labios vaginales de Abril, que frotándose los endurecidos
pezones, soltó un gemido de placer, al tiempo que las gemelas se corrían
solas y también gemían.
Cuando Abril terminó por correrse, Rafael se inclinó
sobre una de las gemelas y la enganchó fuertemente del cuello. Como
pudo, la pobre gemela casi sin respiración, intentó liberarse de él,
pero atada como estaba, le resultó inútil la tarea. Acabó enganchada por
el cuello mediante una cuerda gruesa, a un eslabón colgado del techo. No
la dejó más que de puntillas, no pudiendo tocar los talones el suelo, o
se ahogaría con la soga. Una vez la dejó en tal posición, enganchó raudo
a su prima, y con soltura, le colocó unas pinzas en los pezones que ató
a los de su hermana por otras pinzas, dejando a ambas una enfrente a la
otra y tensa la cuerda que las unía. El dolor que les producía no era
mucho, comparado con el que la otra gemela que quedaba iba a sufrir.
Esta vez fue Abril, la que mediante consejo de
Rafael, ató convenientemente por el cuello, y éste a su vez a los
tobillos que ya tenía atados, y así boca abajo en el suelo, y doblando
el cuerpo como una barca, le enganchó sendos pesos en ambos pezones,
quedando éstos en el aire. Después comprobó que su culito estaba
demasiado blanquito y comenzó a fustigarlo con crueldad y vileza,
mediante un látigo que le trajo Rafael de una de las habitaciones de
material.
Al ratito, Abril se dirigió a donde estaba su hermana
gemela, atada por el cuello, enganchada al techo. Ésta comenzaba ya a
temblar, casi sin poder aguantar más la postura de puntillas, aunque con
unos duros y enhiestos pechos, lo que le delataban su excitación.
-¿Te gusta eh zorrita? – le decía cálidamente a la
gemela. – Menuda putita eres. Ahora no eres nadie, aquí tú dinero ya no
sirve, ni tus comentarios, yo soy ahora quien tiene el poder sobre ti,
la única persona que puede liberarte o dejarte así como estás por
siempre, jejeje.
La gemela iba a decir algo, cuando desde atrás, se
oyó un chasquido, ¡Zas!, era el látigo, esta vez manipulado
magistralmente por Rafael. La preciosa gemela solamente pudo ponerse a
suplicar.
-Piedad, por favor, más no, no aguanto más de
puntillas, voy a ahogarme.
Sus súplicas sonaban como entrecortadas, seguramente
por la tensión en el cuello y el cansancio acumulado. Rafael le propinó
más fuerte esta vez, ¡Zas!, y Abril casi se deja llevar por la tensión
del momento y la libera de la soga, pero entonces, Rafael, le comenta:
-Tranquila aprendiz, jejeje, ahora tienes que
aprender a comportarte con extrema crueldad, has de saber, ante todo,
que un esclavo disfruta realmente con el juego creado, y tú has estado a
punto de romperlo.
-Pero…está realmente sufriendo – exclamó ella.
-Eso es lo que imagina una mente “no acostumbrada”,
pero en este trabajo has de tener los pensamientos fríos, y ser muy
sensible a los indicios que muestren tus esclavos. Esta zorrita se lo
está pasando de miedo- le comentaba al oído, sin que la gemela se
pudiese enterar.
Mientras tanto, las dos hermanas, atada por los
pezones, una frente a la otra, comenzaban realmente a cansarse de la
postura, y debido al narcótico efecto del alcohol, una estiraba a la
otra, produciéndose ambas un dolor insoportable en los pezones.
Rafael siguió azotando en el culo y la espalda a la
gemela, hasta que se percató de la otra gemela, que luchaba por
desatarse sin éxito de sus ataduras, que la mantenían doblada en el
suelo como una barquita. Las pesas en los pechos de ésta, le estiraban
mucho, y se visualizaba un tono rojizo en éstos. Fue entonces cuando
Rafael, dio por concluida la sesión extra.
Una habitación, muy coqueta
Pasaron unas horas antes que llegaran las 2 últimas
clientas, y tan solamente media hora para comenzar a preparar a las
otras cuatro.
Abigail, que aprendió muy bien las técnicas,
solamente necesitaba saber en qué tipo de mueble iban a ser
transformadas.
-¿Lo acordado? – preguntó en el aire a las cuatro,
Rafael.
-Mmm, esta vez con una novedad si es que puedes.
Deseo servir de mueble bar- profirió una de las gemelas. Y además no
quiero que me tapes la cara completamente. Me gustaría ver quien toma
las bebidas, no sé si me entiendes.
-Eso va a ser algo complicado, no tengo ese tipo de
mueble habilitado.
-Pagaré lo que me pida, lo que me pida- concusa ella.
-Mmm, el caso, es que ahora que lo pienso, un mueble
bar tengo. Claro que lo tendría que apañar antes.
-Esperamos lo que haga falta.
-Está bien. ¿Y vosotras tres?
Una tras otra fueron comentándole la fantasía. Las
dos hermanas serían transformadas en silla y lámpara respectivamente,
mientras que la otra gemela, su prima, sería un reposa pies.
Cuando terminó la charreta, Rafael ya estaba
ingeniando el modelo de mueble-bar. Para ellos usó un antiguo mueble del
tamaño de una persona, que servía para revistas y libros. Lo vació y le
añadió unos puntos de sujeción para las cuerdas.
Lo de la lámpara ya estaba arreglado, así como la
silla, y para el reposa pies, adornó con un mantelito blanco, la parte
superior del mueble, quedando además de decorativo, una especie de
mesita, dónde colocar las bebidas, que tomarían gustosas las próximas
clientas del local.
Abigail se encargó de colocar a las hermanas, una de
lámpara, con látex negro y gomas elásticas a juego, negras también. Como
no quiso ser tapada de ojos, la dejó con media caperuza, y a su hermana
de látex negro pero con cintas rojas. A ésta última, al no tener más
caperuzas, le colocó una máscara negra, que hacía las veces de caperuza.
Si todo iba bien, aquella silla humana, debería poder girarse en 360º,
porque la estructura metálica así lo permitía.
Rafael se encargó de las otras dos. Primero de la
gemela, que a propósito, tenía el culo más apto para lo que iba a ser
usado, un reposa pies. Éste era rojo, con el mantelito arriba y la
gemela, dentro de él, solamente mostraba su lindo trasero, que lucía con
unas medias de lycra transparente y un tanga negro por dentro.
Tan solo quedaba su hermana, la otra gemela que
quería ser convertida en mueble-bar.
Por lo visto también deseó no ser embutida en látex,
ésta vez bastó con un corpiño negro muy ajustado a su cintura, un
violeta conjunto de lycra corporal, y ya que no iba a ser ocultado su
rostro, eso sí, le colocó la bola de goma en la boca; además de todo
esto, todas, las cuatro, iban a permanecer sensorialmente inhabilitadas,
al menos por lo que a sonidos se referiría.
Tuvo que usar la habitación de descanso para acoplar
todo el conjunto. Aunque no quedaba nada gótico, debido a su suelo gris
y una amplia cortina blanca en el fondo, resultaba muy coqueto. Además
las colocó sobre una alfombra marrón a cuadros, lo que agradaría a las
visitas futuras, ya que pensó usar esa distribución como próximo reclamo
de nueva clientela. |