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No sé si David se dio cuenta de ello, pero se acercó por detrás de
nosotros, separó la mano del chico que estaba debajo de mí y encañonado
su miembro hacia mi culo, me lo dejó ir muy poco despacio. Mi esfínter
posterior se abrió como rosa encarnada, absorbiendo el impacto en su
interior y produciéndonos a ambos un placer infinito. De esta forma, mi
profesor se salía con la suya, cosa que no pudo al principio.
Así, me encontraba una vez más penetrada por mis dos
agujeros inguinales una vez más. ¿Cuantas veces me había visto en esta
situación anteriormente? No recuerdo. Ni me interesaba en ese momento.
Lo único que quería sentir era el dolorcito excitante y la sabrosura de
sus movimientos y el batir de aquellas pollas enormes dentro de mí.
EL chico que faltaba y que aún no me había probado, se acercó a
nosotros tres mi balanceando su verga cerca de mi rostro, lo puso sobre
mis labios para que se lo mamara. Como autómata, abrí la boca y empecé a
succionar con ahínco el falo henchido por el frenesí del momento. Casi
se va de espaldas el chico al sentir mi boca apoderarse de su garrote,
pues sus piernas se doblaron y lanzó un gemido sordo y grave y se aferró
con sus manos de mi cabeza, halándome hacia él y haciendo que casi las
otras dos vergas se salieran de mis agujeros.
Los otros dos chicos que me había cogido al principio se
acercaron por su parte del botín, colocándose a ambos lados de nosotros
y tomaron una de mis manos cada uno, haciendo que cogiera con ellas sus
miembros y los masturbara.
Aquello era increíble. Acaba de tirarme a dos hombres y
otros tres me tenía empalada por todas mis cavidades. Definitivamente
esa era una hazaña como para contarla en un congreso de ginecología. Al
escuchar los gemidos de los tres machos que me cogían en ese momento y
de los otros dos a los que les estaba proporcionando placer manual, me
sentí dueña de la situación y una “campeona” del sexo. No cualquier
chica puede jactarse de haberse tirado cinco chicos de un solo, ¿No?.
No recuerdo cuanto tiempo pasamos en eso. Pero de pronto todos los
intentos que hace unos minutos habían hecho por reanimar a Alba
comenzaron a dar resultados. La negra se sentó en el piso, se llevó las
manos a la cabeza como quejándose de dolor y alzó la vista, solo para
descubrir la orgía en la que me encontraba enfrascada.
-¿Que pasó? -atinó a decir apenas- ¿qué hacen en mi cama?
Aunque las preguntas eran un poco estúpidas, sí eran
lógicas tomando en cuenta que Alba había estado sumergida en la
embriaguez por casi cuatro horas.
Al darse cuenta de la incorporación de la negra, los
chicos que tenía asidos por la verga, se soltaron y se arrojaron sobre
ella, literalmente. A pesar de la resistencia de a chica, su embriaguez
y la poca fuerza de su cuerpo femenino fueron ventaja para los chicos,
que sin mucha pugna lograron someterla y en pocos segundos se encontraba
igual que yo: penetrada por sus dos orificios inguinales.
Pero había que ver que pese a toda la resistencia que
puso, cuando la estaban cogiendo y enculando simultáneamente, se meneaba
como una puta lujuriosa, incluso más de lo que yo me movía.
En verdad, aquello se había vuelto una orgía
incontrolable y el número de orgasmos que alcanzamos Alba, los chicos y
yo fueron incontables. Por último recuerdo que al terminar los chicos,
ninguno lo hizo dentro de nosotras. Los tres que me cogía a mí me
tendieron sobre la cama y dejaron ir su semen sobre mi rostro y mi
pecho. Lo mismo le sucedió a la negra que terminó empapada hasta los
cabellos por el diluvio caliente. Los dos que se la habían cogido, la
levantaron del suelo y la colocaron en la cama junto a mí, e hicieron
que nos besáramos. Ni necesidad tenían de darnos órdenes de lo que
querían, porque por lo menos yo, lo entendí perfectamente. Así que
comencé a recorrer el cuerpo de Alba en cada segmento que tenía
impactado por el semen, recogiéndolo con mi lengua, llevándolo hasta mi
boca e ingiriéndolo finalmente. Fue así que de nuevo su rostro, su
cuello, sus pechos, su abdomen y muslos fueron probados por mis labios y
mi lengua. La negra al principio solo se dejó hacerlo, pero poco a poco
se fue excitando y empezó a hacer lo mismo conmigo, hasta que nuestros
cuerpos quedaron limpios de todo rastro de semen. Me encantaba besar sus
labios y sentir dentro de su boca el sabor salado y pegajoso del
líquido, que aún conservaba un poco de su temperatura natural.
El roce de nuestros cuerpos comenzaron a llevarnos a un
deseo que nunca antes habíamos sentido una por la otra hasta que
terminamos haciéndonos el amor, ante la mirada complacida de los chicos,
que continuaron masturbándose delante de nosotras, y de nuevo, la lluvia
salada y caliente envolvió nuestros cuerpos, que limpiamos de igual
manera que la primera vez.
De ahí en adelante (eran como las dos de la mañana creo)
todo fue cogidas y culeadas sucesivas para Alba y para mí. No recuerdo
cuantas fueron, y al fin y al cabo ni las conté, sólo recuerdo que los
chicos nos soltaron a las cinco de la mañana, se vistieron tan rápido
como llegaron y se fueron. David fue el último en salir diciendo:
-Nos vemos el lunes, chicas -y cerró la puerta.
Alba se durmió casi inmediatamente se fueron los hombres,
yo en cambio me quedé despierta un poco más, sin poder creer todo lo que
nos había pasado. Lo único que sentía en esos momentos era una infinita
satisfacción y una enorme incredulidad. Podía percibir en el ambiente el
aroma agridulce de nuestros sexos y debajo de mí, la sábana blanca muy
húmeda y pegajosa por el semen derramado. A mi lado yacía la imponente
figura de Alba, como una diosa de ébano, resoplando casi a gritos su
sueño fantástico. Me levanté y encendí la luz para buscar mi ropa, pero
me di cuenta que los hombres se había llevado nuestra ropa interior como
trofeo. ¡ladrones!. Y entonces andaba una de mis tangas de encaje más
caras.
El cansancio en esos momentos era evidente en mi rostro,
así que decidí mejor recostarme de nuevo en lugar de marcharme a mi
casa... Y soñé que volvía a salir del trabajo, que mi profesor nos había
dado un aventón y que terminamos cogiendo con cinco hombres. Uf, o sea
que no descansé NADA. |