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Mini Relatos:
En esas estábamos cuando aparecieron Natalia y Sergio. Sus caras reflejaban su sorpresa al encontrarse de bruces con el panorama que nosotros cinco ofrecíamos en aquel oscuro rincón. Alternativamente miraban a los otros tres y a nosotros dos. Tal estado de ensimismamiento fue roto por Sara que los llamó en medio de sus jadeos. Ambos se acercaron a nosotros, un tanto sorprendidos pero no cortados. Venían de la mano, y no eran pareja, por lo que evidentemente venían a lo mismo que habíamos venido los demás. Cuando se acercaron Sara rápidamente echó mano al paquete de Sergio, que se apreciaba excitado dentro de sus pantalones. En aquel momento un primer sentimiento de enfado me sacudió, pues me creía en posesión de Sara, pero rápidamente la situación me sobrevino, ya que aquello era más excitante de lo que nunca antes había vivido. Sergio me miró y yo sonreí, con eso todo quedaba dicho. Entonces extendió él su mano hacia Sara, introduciéndole sus dedos en la boca, que eran automáticamente devorados por ella. Por su parte Natalia, que tenía unas tetas preciosas, comenzó a acariciarse su coño, mirando ahora para nosotros tres, evidentemente sintiéndose inundada por el deseo. Viéndola en tal estado, solté mi mano de la teta de Sara, lugar que rápidamente fue reemplazado por la mano de Sergio. Me dispuse a soltar los tirantes de la camiseta de Natalia, pues mi intención era la de poder disfrutar del tacto de sus bellas tetas. Ella continuaba acariciándose, dejándose desvestir por mí, sin dejar de mirarme fijamente a los ojos, que expresaban fielmente el estado de excitación del momento. Al soltar el segundo tirante su camiseta se deslizó liviana dejando al aire sus maravillosos pechos, absolutamente redondos, cuyos pezones apuntaban ligeramente hacia arriba. De su boca salió un gemido de entrega total. Sara, arrastrada por el deseo, extendió la mano que le quedaba libre sobre una de las tetas de Natalia, acariciándola tiernamente. Del mismo modo yo alargué mi brazo hasta el otro pecho de Natalia, acariciando primero su suave piel para terminar pellizcando su duro pezón. Mientras, la propia Natalia seguía masturbándose, ahora ya con la mano metida bajo su falda.
El tiempo que pasamos así no lo sé con seguridad, pero lo que recuerdo con mayor fidelidad es que fue Sara quien alcanzó el orgasmo en primer lugar. Y no podía ser de otra manera. Voluntaria o inconscientemente Sara disfrutaba de la mejor posición: por un lado mi polla, dura y tiesa, se deslizaba entre sus piernas, acariciando su vulva, ahora completamente mojada. Y mi mano derecha continuaba sacudiendo frenéticamente su clítoris, variando a veces la intensidad, la velocidad y la presión de mis dedos sobre su monte de Venus. Por su parte, ella continuaba frotando salvajemente la polla de Sergio, sin perder detalle de lo que enfrente hacían Rodrigo, Saúl y la chica desconocida. Además chupaba con deleite los dedos que Sergio le metía en su boca, mordiéndolos cada vez que recibía una de mis embestidas, y recibía las caricias de éste en sus tetas. Para completar el juego sexual con su otra mano acariciaba la teta de Natalia, cuyos pezones, durísimos, invitaban a algo más que el manoseo.
Como decía, Sara estalló en un orgasmo bestial dando paso sus gemidos a verdaderos alaridos que de no ser por el alto volumen de la música nos habrían delatado de inmediato. De su coño emanaron ardientes líquidos que embadurnaron mi polla, inundándome del placer húmedo de sus entrañas. En ese momento los demás estábamos más calientes aún si cabe. Y de nuevo Sara tomó la iniciativa, pues poniéndose de rodillas se metió la polla de Sergio en la boca y comenzó a mover su cabeza arriba y abajo, tratando de meterse aquella dura verga entera en su ardiente boca. Yo sin dudarlo un momento me acerqué a Natalia, que miraba embelesada cómo Sara le mamaba a Sergio. Una vez frente a frente le empecé a sobar las tetas mientras ella dejaba de meterse los dedos para tomar ahora mi polla entre sus manos. Yo estaba al borde de la extenuación, ya que notaba como mi polla estaba lista para descargarse en cualquier momento, y sin pensármelo dos veces alcé la falda de Natalia que para mayor sorpresa tampoco llevaba bragas.
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